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Derecho a leer y las Bibliotecas

El Derecho a Leer y las Bibliotecas.


Fernando E. González Moreno.


Quisiera iniciar platicándoles un poco de mi libro favorito y de cómo me permitió empezar a conocer el mundo de los adultos.

Allá en el lejano 1969, el año en que el hombre llegó a la Luna, me encontraba vestido con mi flamante uniforme de primaria, en una escuela federal que lleva el nombre de famosísimo piloto mexicano Francisco Sarabia y Tinoco.


El ambiente en mi salón era de sueños y aventuras. Todos queríamos ser el coronel Armstrong o el adusto capitán Sarabia, quien desde su busto de bronce vigilaba nuestras aventuras en el patio escolar. En ese ambiente nuestra profesora de segundo grado, Doña Carmelita, nos acercó un libro que unía esos dos mundos, el espacio y la aviación. Seguramente mi querida profesora, con toda conciencia también nos acercaba al mágico mundo de la lectura. Este libro se convertiría en mi libro favorito.


Si han leído alguna vez mi libro favorito, quizá recuerden este fragmento:

“Las personas mayores me aconsejaron que dejara a un lado los dibujos de boas abiertas o boas cerradas y que mejor me dedicara a la geografía, la historia, el cálculo y la gramática. Fue así como a la edad de seis años, abandoné mi magnífica profesión de pintor. El fracaso de mi dibujo no. 1 y de mi dibujo no. 2 me desanimó.

Las personas mayores nunca entienden nada por sí mismas y es cansado para los niños tener que explicarles todo siempre.

Tuve entonces que escoger otro oficio y aprendí a pilotear aviones. Volé un poco por todo el mundo. Es cierto que la geografía me fue muy útil: podía de un vistazo distinguir Arizona de China. Sirve de mucho si uno se pierde en la noche.” (1)


¿Qué tal eh? Estas líneas me han acompañado a lo largo de toda mi vida. He de confesar que hoy apoyado en el valor que me ha transmitido El Principito vengo a explicarles a las personas mayores en las que nos hemos convertido por qué el derecho a leer está a salvo en nuestras bibliotecas.


No olvidemos que los adultos no entendemos nada por nosotros mismos, que necesitamos que los niños nos expliquen las cosas. Un favor antes de continuar, dejemos salir al pequeño niño que todos llevamos dentro.


Los Derechos de Autor


Deseo comenzar hablándoles un poco sobre los tres derechos fundamentales que a mi juicio tiene un autor.


Obviamente el primero de ellos es el derecho a escribir. Este derecho se encuentra garantizado en las constituciones de todos los países democráticos. Su antecedente más lejano es la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano que fue elaborada por la Asamblea Nacional Constituyente Francesa en agosto de 1789. La Declaración definía los derechos naturales del hombre, entre los que consideraba básicos la libertad (individual, de pensamiento, de prensa y credo), la igualdad (que debía ser garantizada al ciudadano por el Estado en los ámbitos legislativo, judicial y fiscal) y la de seguridad.

El segundo derecho fundamental de un autor es el derecho a recibir el pago justo por su trabajo intelectual. Este derecho es velado por las leyes de derechos de autor y propiedad intelectual. La primera ley que defendía propiamente los derechos de autor fue establecida en Gran Bretaña en el año 1710 y se conoció como el Estatuto de la Reina Ana.

El tercer derecho de un escritor es el derecho a ser leído, este derecho tan importante como los dos anteriores en ocasiones es soslayado a favor de intereses mercantilistas. Pero detengámonos un momento y hablemos un poco sobre este tercer derecho.

Cuando una persona escribe lo hace en primer lugar por el intenso deseo de plasmar sus ideas y pensamientos en un soporte que permita su conservación. Lo hace previendo el futuro goce de lecturas, ya sean propias o ajenas. Lo hace por satisfacción personal, lo hace para trascender a su tiempo y lo hace para encontrar a ese lector desconocido.

Luis del Río Donoso, poeta chileno nos dice por qué escribe:

Porque los caminos de la existencia son amplios y misteriosos.
No sabemos cuando un soplo de cambios nos lleva y nos trae por esas avenidas de la vida.


Solo comenzamos a traslucir lo esencial en momentos de gravedad. Y precisamente a raíz de esos instantes, comenzamos a conocer la belleza de la amistad, de la solidaridad, de la fraternidad, no solamente nacional sino universal. Pienso en muchos que luchan por vivir dignamente.


Pienso en tantos que no han tenido la posibilidad siquiera de luchar.
Y me digo que nuestros pequeños problemas cotidianos son ínfimos
en comparación a esos momentos por los cuales algunos humanos tienen que atravesar.

Por ello, escribo.

Simplemente para vivir y resistir a la desidia de los insensibles
y sobretodo para ver mas allá de todo lo que veo
(2).


Este derecho a ser leído ha sido garantizado histórica y democráticamente por las bibliotecas. La biblioteca es una de las instituciones culturales más antiguas en el mundo. Junto con las iglesias, no hay otro concepto o entidad que haya persistido tanto a través del tiempo.



Las Sociedades de Gestión y los Derechos de Autor


Las bibliotecas estamos enfrentando una amenaza que contra lo que pudieran pensar muchas personas no viene del lado de las nuevas tecnologías de información. Los bibliotecarios siempre hemos sabido aprovechar las nuevas tecnologías en beneficio de nuestras bibliotecas. Y por tecnologías no sólo entendemos a las computadoras y todos los productos derivados de ellas como los e-books y el hipertexto que se popularizaron con la llegada de Internet.

Ya antes, mucho antes, los bibliotecarios aprendieron a aprovechar cada tecnología a su alcance. Por ejemplo la aparición del papel, creado a través de una tecnología china hace más de 2,000 años, permitió que los bibliotecarios contaran con un soporte relativamente barato, flexible y duradero. O bien imaginemos lo que sucedió en una biblioteca monástica cuando empezaron a llegar los primeros libros impresos, los monjes dejaron su papel de amanuenses y se concentraron en la adquisición, organización y conservación de estos libros. O más cercano a nuestra época, cuando apareció el microfilm y las fotocopiadoras. Los bibliotecarios siempre hemos vivido con la tecnología, no nos asusta ya que siempre terminamos integrándola a nuestras funciones básicas de adquisición, organización y difusión de los soportes en los cuales se encuentra el conocimiento humano.

No, la amenaza a las bibliotecas no viene de la tecnología, la amenaza proviene de las llamadas entidades de gestión de derechos de autor que buscan, en principio, que se les pague por las fotocopias que se lleven a cabo dentro de una biblioteca.


Este proceso paulatino ya se encuentra en marcha en México a través de una sociedad de gestión que dice representar al mercado editorial mexicano. Lo cierto es que actualmente sólo representa a 60 editoriales y 12 autores. Estas 60 editoriales representan sólo el 24 % del mercado editorial mexicano pero eso no importa, con dicha representación han empezado a visitar universidades para, amparados en las lagunas de la legislación mexicana de derechos de autor, coaccionar a las instituciones para que paguen licencias de fotocopiado.

En principio alguien pudiera pensar que esto sólo afectará a las universidades privadas pero cuidado ya hay al menos dos universidades públicas estatales que ya han firmado estas licencias de fotocopiado. Y esto no es todo, la visión de largo plazo es poder cobrar este impuesto en todo tipo de bibliotecas y más adelante cobrar por otros servicios que brindan las bibliotecas.


Pero vamos por partes, ¿por qué una licencia de fotocopiado? Las sociedades de gestión sostienen que los servicios de fotocopiado dentro de las universidades y de sus bibliotecas atentan directamente contra los derechos de autor al llevarse a cabo copias indiscriminadas de libros. Señalan que la actividad de los servicios de fotocopiado afecta la venta de libros.


Nosotros sabemos que se fotocopia parcialmente un libro cuando el usuario no tiene necesidad de todo el libro sino únicamente de una parte, también se llega a fotocopiar para fines de estudio e investigación y también cuando el usuario no tiene el dinero para comprarlo o la posibilidad de conseguirlo localmente. Asumir que todos los usuarios fotocopian libros en las bibliotecas para lucrar con estas copias y que las bibliotecas permiten y alientan esto es un absurdo.


La postura de los bibliotecarios es que nuestras bibliotecas no hacen daño al mercado editorial, el préstamo de un libro o la fotocopia de parte de él no significa que se vendan menos ejemplares, los libros se venderán más si la gente desarrolla el hábito de la lectura y en este sentido las bibliotecas juegan un papel muy importante.


Pero la aplicación de licencias de fotocopiado no es lo único que buscan las sociedades de gestión. Si tomamos la experiencia española, el cobro de estas licencias es el primer paso.


En España desde hace varios años se lleva a cabo este cobro. Una querida colega española, Blanca Calvo, nos señala que en su país en el año del 2003 sólo por administrar los derechos de fotocopiado la asociación privada encargada de esto obtuvo 16 millones de euros (3) (algo así como $208 millones de pesos) y para 2004 la cifra creció a 26 millones de euros (4)


Y adivinen que es lo que sigue: el cobro por el préstamo de libros a domicilio. En España hay una fuerte movilización contra el Préstamo de Pago, una iniciativa de la Comunidad Europea que busca cobrar un euro por cada libro prestado a domicilio por las bibliotecas (5)


En Gran Bretaña donde se paga este impuesto desde 1993 los préstamos bibliotecarios han disminuido dramáticamente. El año que se aplicó por primera vez este cobro el índice nacional de préstamos fue 563 millones de libros prestados, diez años después fue de 406 millones, es decir 157 millones de préstamos menos (6)


Es falso que este tipo de iniciativas busquen defender los derechos de los autores, las bibliotecas pagamos dichos derechos cuando compramos un libro. Las sociedades de gestión sólo buscan defender sus propios intereses lucrando con el concepto de los “derecho de autor”, sin garantizar que los autores sean efectivamente beneficiados con sus iniciativas pero si atentando contra el derecho fundamental que tienen todas las personas para acceder en condiciones de libertad e igualdad al conocimiento humano. La información, al igual que la cultura, son patrimonio universal de la humanidad.


Pero la visión de las sociedades de gestión es distinta. Públicamente señalan que el cobro por los préstamos en bibliotecas es su objetivo, en sus propias palabras es la “asignatura pendiente” (véase “El derecho de préstamo bibliotecario: asignatura pendiente
http://cedro.orgh/Files/foro39.pdf)

Por otra parte, un informe del año 2002 de la Comisión de las Comunidades Europeas para el Parlamento Europeo señalaba que “todos los avances en la explotación de las nuevas tecnologías en las bibliotecas deben ser objeto de seguimiento, sobre todo en lo que respecta a cualquier incidencia de los mismos en el funcionamiento del mercado.”(7) Lo anterior es un criterio puramente mercantilista que soslaya la importancia para una sociedad democrática del libre acceso a la información. Lo que les interesa es el funcionamiento del mercado no los derechos de autor.


Y esto no sólo sucede en Europa, ya en Colombia se presentó una situación que afectaba directamente a las bibliotecas. Es el caso de la novela Mis putas tristes del escritor Gabriel García Márquez, en cuya edición apareció la leyenda “queda prohibida la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o préstamo públicos”. De haber prosperado hubiera sentado un precedente muy nefasto, afortunadamente García Márquez declaró “Yo no entiendo nada de eso. Lo único que puedo decir es que estoy del lado de los lectores”, con esto bastó para dar marcha atrás a tan arbitraria medida, sin embargo los signos ominosos están flotando ya en el ambiente.


Nuestra postura es distinta. Los bibliotecarios defendemos los derechos de los autores, los defendemos aún más que los editores, quienes en algunos casos obligan a firmar contratos sumamente desventajosos a los escritores. El trabajo de los autores nos merece nuestro más profundo respeto ¿acaso no cuidamos con gran amor sus creaciones?, las conservamos y difundimos sin otro interés más del que sean leídas y consultadas por el mayor número de lectores.


Las bibliotecas promocionan los libros que compran a través de todo un proceso bibliográfico. Destinan recursos y tiempo a catalogarlos, clasificarlos, asignarles temas y colocarlos en estantes abiertos para todo público. Los datos de los libros aparecen en sus catálogos, ya sea en tarjetas o en línea, para que todo el mundo pueda saber de su existencia y los pueda consultar.


Las bibliotecas conservan los libros, los encuadernan, los fumigan y buscan siempre tenerlos en circulación durante muchos años y todo esto va en beneficio directo de sus usuarios, pero también de los autores de estos libros quienes tienen presencia durante mucho pero mucho tiempo, un tiempo mayor al que dictan los criterios editoriales.


Menos presupuesto en las bibliotecas, son menos compras de libros, ¿así se defiende el derecho de los autores a ser leídos? ¿O quién creen que van a terminar pagando estas licencias de fotocopiado o de préstamo a domicilio? A final de cuentas las bibliotecas terminarán pagando estas licencias, ya sea directamente de sus presupuestos o bien de recortes institucionales por el pago de las mismas.


Ante esta embestida los bibliotecarios españoles señalan que estamos viendo una “mercantilización de los bienes culturales que supone un paso más en la progresiva privatización de los servicios públicos y un ataque frontal al derecho a la cultura.” (8)


Marco Marandola, asesor jurídico del Grupo Bibliotecas y Propiedad Intelectual de La Federación Española de Sociedades de Archivística, Biblioteconomía, Documentación y Museística señala que “no es limitando la circulación de los libros o subiendo los precios como se pueden vender más libros u obtener una mayor utilidad económica… se venderán más libros, si la calidad del contenido del libro es mejor y los usuarios se acostumbran a la lectura.” (9)



Consideraciones Finales


Los derechos de autor no son antagónicos con el derecho al libre acceso a la información.


Los sistemas bibliotecarios están basados en el modelo libre y gratuito de acceso al conocimiento.

Los bibliotecarios sostenemos que lo mejor es destinar más fondos públicos a las bibliotecas: “si se adquieren más libros para las bibliotecas todos ganarán, ganará la sociedad, ganarán los editores que venderán más, ganarán los libreros, ganarán los autores cuya obra se difundirá más y recibirán más derechos de autor al ser más adquiridos por las bibliotecas… las únicas que no ganarán serán las sociedades de gestión. Si un autor tiene pasado es por las bibliotecas, no por las librerías, si tiene futuro es por las bibliotecas.” (10)


Debemos estar muy atentos a las iniciativas que buscan limitar una actividad tan popular, natural y útil como es la de leer en nuestras bibliotecas. Cuando deberíamos estar alentando a todo el mundo a publicar y compartir información nos enfrentamos a regulaciones mercantilistas que buscan explotar al máximo el negocio del libro.


Claro que nada de esto es nuevo, “durante la ilustración algunos pensadores como Marie Jean Antoine de Caritat, Marqués de Condorcet, 1743-1794 cuestionaron “la noción de autoría, como una creación arcaica de la monarquía absolutista que beneficiaba a privilegiados monopolios comerciales más que facilitar la extensión del conocimiento.” (11)


Lo que las bibliotecas permiten es alcanzar un balance entre dos tipos de intereses: el interés del autor y el interés de la sociedad por tener acceso a la obra.


Es importante levantar nuestra voz y no ser cobardes. Mi segundo libro favorito es la novela Fahrenheit 451 de Ray Braddbury, en ella descubrí la importancia de defender nuestras convicciones. Me permito leerles un fragmento donde el viejo profesor de literatura le confiesa al bombero desertor la pena que lo abruma:


“Sr. Montag, está usted viendo a un cobarde. Hace muchísimo tiempo, vi como iban las cosas. No dije nada. Soy uno de los inocentes que hubiese podido levantar la voz cuando nadie estaba dispuesto a escuchar, pero no hablé y me convertí en un culpable. Y cuando por fin establecieron el mecanismo para quemar los libros, por medio de los bomberos, protesté unas cuantas veces y me sometí, por que ya no había otros que protestaran o gritaran conmigo. Ahora es demasiado tarde.” (12)


Como bibliotecarios ¿qué intereses vamos a defender, los de nuestros usuarios y los de los autores que integran nuestras colecciones o el de organismos de corte mercantilista como las denominadas sociedades de gestión?. No olvidemos que pobreza y analfabetismo van juntos.

Citas:

(1) Saint-Exupéry, Antoine de (1964). El Principito. Buenos Aires: EMECE. p.10


(2) Donoso, L (2003). Porqué escribo?. [en línea]

<http://espanol.agonia.net/index.php/article/175829/index.html> Consultado el 1ero. de abril, 2006.


(3) Calvo, Blanca (2005). Las bibliotecas y los derechos de los autores. [en línea]

<http://www.noalprestamodepago.org/index.php?option=com_content&task=view&id=12&Itemid=33>. Consultado el 27 de Febrero, 2006.

(4) Biblioteca Universitaria de las Palmas de Gran Canaria (2005). Conclusiones generales de las 2das. Jornadas contra el préstamo de pago en bibliotecas públicas y universitarias [en línea] <
http://biblioteca.ulpgc.es/canon_prestamo/index.shtml?conclusiones_seg_jornadas> Consultado el 19 de febrero, 2006.

(5) Íbidem


(6) Por qué los bibliotecarios decimos NO AL PRÉSTAMO DE PAGO (2005) [en línea]

<http://www.noalprestamodepago.org> Consultado 24 de marzo, 2006

(7) Comisión de las Comunidades Europeas (2002). Informe sobre el derecho de préstamo público en la Unión Europea. Bruselas: CCE, p. 13

(8) Por qué los bibliotecarios decimos NO AL PRÉSTAMO DE PAGO Op Cit.

(9) Marandola, Marco (2003). Un nuevo derecho de autor en la biblioteca en Revista TK no. 15 [en línea]

Asociación Navarra de Bibliotecarios

<http://www.asnabi.com/TK_15.html> Consultado el 26 de marzo, 2006

(10) Federación Española de Sociedades de Archivística, Bibliotecas y Documentación (2004). El derecho de préstamo en la biblioteca o el pingüe negocio de cobrar dos veces [en línea] <
http://exlibris.usal.es/bibesp/nopago/dossier.pdf> Consultado el 28 de marzo, 2006.


(11) Mateo, María Elena (2005) La muerte del libro, los derechos de autor, el poder de la información… y otras historias de terror. en El Documentalista Enredado [en línea]

<http://www.documentalistaenredado.net/193/muerte-libto-derechos-autor/> Consultado 7 de abril, 2006.


(12) Bradbury, Ray (1993) Fahrenheit 451. México: Plaza y Janés, p. 91






.-bibliotecario público-.

De la piratería y otras pilladas

"Si compras un CD oficial, alimentas las otras mafias..."

8 de mayo de 2002

BARCELONA (LT24onLine).- La semana pasada, el músico franco-español Manu Chao realizó una jugosa entrevista en la cadena radial española SER. Allí habló de política y piratería discográfica, entre otras cosas.

"Muchas veces compro discos piratas", comentó. "A veces no nos paramos a pensar que el pobre chaval que vende los discos en la calle está explotado por una mafia"."Pero así estás alimentando una mafia", opinó Manu Chao "y si lo compras oficialmente estás alimentando a las 'otras' mafias".

Manu Chao aprovechó la oportunidad para atacar a las compañías discográficas: "Son responsables directos (las compañías), que pongan los discos más baratos y verán como acaban con la piratería".

En la entrevista, entabló una curiosa comparación entre las grabaciones caseras de CDs y la marihuana. "Estoy de acuerdo con la copia casera de CD -se entiende que para uso privado-. Pasa lo mismo con la marihuana, si la compras en la calle alimentas a unos mafiosos pero si la plantas en tu casa. todo está bien, ¿no?".También se despachó a gusto contra la política. "Chirac da un asco que te cagas", acotó. En alusión al recientemente electo presidente de Francia, opinó: "Hemos pasado la vida luchando contra ese señor y ahora resulta que viene otro peor (Le Pen)". El ex Mano Negra definió a la democracia como "enferma": "Desde que tengo 18 años y puedo votar nunca lo he hecho para alguien sino contra alguien". En lo estríctamente musical, el artista está ilusionado por la inminente gira que le espera por los países de Europa del Este. "En 15 días, y por espacio de un mes, emprenderemos una gira por Macedonia, Bulgaria, Turquía, Rusia, Polonia. Para entender cómo va el mundo creo que hay que ver como viven los países del este", sentenció.
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www.LT24onLine.com.ar - FM88 Muzik News

Wu Ming, las historias como hachas de guerra

Wu Ming, las historias como hachas de guerra

Amador Fernández-Savater
amador@sindominio.net

Lo que sigue es el prólogo del libro Esta revolución no tiene rostro, de próxima aparición en librerías (Acuarela, Madrid, 2003), editado íntegramente bajo una licencia copyleft de libre copia. Esta revolución no tiene rostro agrupa textos de Wu Ming escritos durante los últimos dos años en condiciones y con intenciones muy variopintas: hay textos de coyuntura política, cuentos, investigaciones sobre «formas de vida», relatos pegados a la acción política del movimiento global, cartas de circunstancias a periódicos italianos, panfletos, manifiestos, declaraciones, etc. Una buena muestra de la producción de uno de los experimentos político-literarios más relevantes de los últimos años. Todo ello, y muchos más elementos que conforman la actividad literario-política de Wu Ming, puede encontrarse en su página web: www.wumingfoundation.com

«Generalmente, el mito es la verdad rumorosa de los jodidos, los vencedores tienen la televisión en cadena nacional [...] La leyenda de la peregrinación a la búsqueda de Aztlán, Wyatt Earp en el OK Corral, los poemas de Byron y Espronceda, las aventuras de Sandokan y los Tigres de Malasia, el día en que papá se le puso enfrente a su jefe y lo mandó a chingar a su madre, las canciones donde aparecen tres jinetes en el cielo (Dios, Zapata y Jaramillo), Pedro Infante de pobre reivindicador, no son una colección de material de mentiras, son otra cosa, algo esencial: son nuestras vidas» (Paco Ignacio Taibo II).

Quien no piense como Taibo II perderá su tiempo leyendo este libro. Los que crean, legitimados por la corriente dominante de la filosofía heredada, que los mitos son «mentiras nobles» o embustes para engañar a las pobres masas, los «cultos» que no se dejan atravesar de veras por las historias que leen o escuchan y las tratan como un objeto inerte de disertaciones pedantes, los que citan el Proyecto más antiguo del idealismo alemán («necesitamos una mitología de la razón») de Hölderlin, Schelling y Hegel emparentándolo sin vacilación con las aberraciones que ha conocido el siglo XX,1 los individuos narcisistas que juzgan como una forma intolerable de opresión cualquier relato que abra un mundo que no sólo habite su ego, los enemigos de las pasiones fuertes y los laberintos de la memoria y la imaginación, los amigos de las versiones únicas, autorizadas, los «ojetivosos» que sólo quieren historias que negocien con el presente, todos ellos perderán su tiempo (y seguramente su paciencia) leyendo a Wu Ming. Sin embargo, otro destino muy distinto está reservado a los que en algún momento de su vida se han visto tentados a arriesgar su timidez, su estatus, su cordura o su vida, porque se les había agarrado al alma cierta historia oída en cierto sitio a cierta persona que recordaba de forma apremiante lo que hace que merezca la pena vivir. Ésos comparten con Wu Ming que el fondo más profundo de todo lo humano es un magma compuesto del «material con el que se hacen los sueños»: imágenes, historias, personajes de leyenda, signos de fortuna o desastre, ritos, oráculos, etc. Los libros de Wu Ming les buscan a ellos.

Desde 1994 a 1999, los miembros de Wu Ming participaron en una de las columnas más numerosas, creativas y radicales del Luther Blissett Project, la columna boloñesa. A principios de la década de los ochenta, Luther Blissett era sólo el nombre de un jugador de fútbol jamaicano que militó sin demasiado fortuna en el Milan A.C. Pero a finales de los noventa, después de que una parte del movimiento underground italiano y europeo se lo apropiara y lo promoviera como un seudónimo que cualquiera podía utilizar para firmar acciones estéticas o políticas, Luther Blissett se convirtió en el nombre de una especie de moderno Robin Hood, otro fantasma amenazante para toda autoridad como el General Ludd, cuya ubicuidad difusa representaba la potencia de la comunicación y de la «intelectualidad de masas» contra todas los nuevos «cercamientos» impuestos por el capitalismo «de espíritu» (copyright, derechos de autor, etc.). Un nombre colectivo para designar la creación y la inteligencia colectiva que está en el corazón de las luchas políticas hoy día, el uso generalizado de la guerrilla de la comunicación para arruinar los mecanismos de captura de la propiedad intelectual, los media y las instituciones oficiales del arte y la política, la manipulación de constelaciones culturales enteras (como la «cultura pop») para desviar sus elementos en un sentido emancipador y construir narrativas de masas políticamente orientadas, literatura-guerrilla, sabotaje del comercialismo, etc.: todo eso y más fue el Luther Blissett Project, que arruinó el prestigio de los presupuestos sobre el artista «individual y propietario» de los creadores «medios» y volvió locos durante años a los periodistas y editores que aceptaban tan contentos el vistoso «material negro» que se les hacía llegar discretamente bajo el «logo» LB (libros «falsos», rumores y personajes inventados, leyendas, etc.) en campañas de «guerra psíquica» perfectamente preparadas.2

Con el nombre múltiple, los futuros Wu Ming firman además Q (edición castellana: Mondadori, 2000), una formidable novela de aventuras emplazada a lo largo de los primeros 30 años de la Reforma, sacudidos violentamente por las grandes sublevaciones campesinas que aspiraban a realizar inmediatamente el paraíso en la tierra. Los autores confiesan haber situado la novela en esa época porque todos los elementos que constituyen nuestra modernidad están de alguna manera allí presentes, in nuce: comunicación de masas, pugnas por la libre circulación del conocimiento, éxodos masivos, capitalismo financiero, insurrecciones que expresan las significaciones que nutren el moderno proyecto de autonomía «todavía en un lenguaje religioso», etc. Este «western teológico», traducido a multitud de idiomas, es uno de los resultados más brillantes en la creación de mitos con sello Luther Blissett. Todos los aspectos que hacen irresistible la lucha política se transmiten con un estilo electrizante: disputas teóricas interminables, encuentros insólitos, hermosas empresas sin porvenir, enemigos imbatibles, traiciones sorprendentes, exaltación compartida, viajes clandestinos, etc. Los autores de Q imponen además a la edición del libro una declinación de la fórmula conocida como copyleft:3 se autoriza la libre reproducción del libro por todos los medios excepto para usos comerciales. Así, para indignación y rabia de las SGAE de turno, cualquiera puede fotocopiar el libro y regalarle una copia a un amigo. Una punta de lanza importantísima en el conflicto político por la libre reproducción de los productos de la inteligencia colectiva contra todas las modalidades de propiedad intelectual que privatizan los cerebros y criminalizan la compartición de saberes.4Mediante el copyleft, según afirman los autores de Q, «se defiende nuestro trabajo y el trabajo del editor y, al mismo tiempo, la libertad de los lectores de disfrutar y manipular lo que nosotros escribimos».

Luther Blissett nace con los días contados, al menos para las columnas italianas de la iniciativa. El proyecto tiene una vida programada de cinco años, aparece con los zapatistas en el 94 y desaparece con la revuelta de Seattle en el 99, durante un suicidio ritual, el Seppuku japonés.5 «Como dijo el incomparable Cary Grant, es mejor dejarlo demasiado pronto, para que la gente quiera más, que demasiado tarde, cuando la gente empieza a aburrirse», dijeron los autores de Q para explicar esa decisión. El estilo Blissett para entonces se había extendido por todo el mundo. ¿Acaso no son los suyos los rasgos más relevantes del movimiento de resistencia global que ha sacudido la escena política mundial como desde hace mucho tiempo nadie hacía?:6 la importancia fundamental concedida a la comunicación, no como un canal por donde transmitir mensajes políticos (ya fuesen radicales o más tradicionales), sino como un ámbito más de intervención política; la crítica radical de las nuevas «enclosures» que el capitalismo impone sobre las «tierras comunales creativas»;7 la propuesta de símbolos ciegos que representen el carácter irrepresentable del movimiento global (los pasamontañas zapatistas, por ejemplo); la ambigüedad constituyente que sortea los callejones sin salida formateados por la lógica identitaria («local, global», «violencia, no violencia», «reformismo, revolución», «amigo, enemigo», etc.), etc.

Desde Chiapas hasta Génova, la intervención sobre las representaciones, los deseos y los afectos de la multitud global se ha vuelto una cuestión política de primer orden que supera las arbitrarias oposiciones entre teoría/práctica et alii. Las fábulas de Marcos, los pasamontañas «detrás de los cuales estamos ustedes», las manifiestos desobedientes, la sola mención de Seattle o Praga, la estampa de Carlo Giuliani asesinado, los monos blancos, el «otro mundo posible», la fórmula del asedio a las zonas rojas como «espacios sin derechos», etc., condensan aspiraciones y temores de la «sociedad civil global». Son imágenes que, como ocurre con las buenas imágenes que vemos en el cine o transmite el arte, «permanecen en la mente y allí trabajan en silencio». El repertorio mitológico del movimiento global es un arma cuya importancia sólo puede escapar a los que comparten con el neoliberalismo que el motor del ser humano son las motivaciones económicas y que lo demás pertenece a una suerte de «superestructura» derivada. Pues bien, los miembros del colectivo Wu Ming han participado como artesanos anónimos de enorme importancia en la «guerra de metáforas» durante la que el movimiento de resistencia global consiguió, mediante un juego habilidoso de espejos y en un lapso asombrosamente breve de tiempo, reflejar al mundo entero la imagen intolerable de unos poderosos encerrados en sus castillos y sus zonas rojas decidiendo el contenido y la calidad de la vida de todos y cada uno, mientras eran asediados por una multitud airada y alegre de desheredados. Lo hicieron en los Monos Blancos, por ejemplo, un experimento político de enorme interés nacido al calor de los centros sociales italianos.8La imagen que devolvían esos enormes espejos resueltamente manejados era tan infame que los propietarios del mundo decidieron romperlos en añicos al precio que fuera: les costó dos balas en la cabeza de Carlo Giuliani el 20 de julio del año 2001 en la Piazza Alimonda de Génova, el ataque brutal a una manifestación de 300.000 personas al día siguiente, que Amnistía Internacional definió como la más grande y masiva violación de derechos humanos en la Europa de posguerra, y decenas de compañeros salvajemente torturados por la policía ascendida a soberana absoluta en un estado de excepción temporal.9 Los textos de Wu Ming captan, como pocos otros más, la intensidad y el drama del acontecimiento-Génova, su naturaleza más honda, la atmósfera de pesadilla que reinaba en la ciudad y también la belleza y la superioridad ética del gesto de desafío desobediente, que para muchos de nosotros conforman un pequeño 68 en-nuestras-cabezas, aunque el provincianismo insoportable que rige las mentes que «piensan» en España no le haya dedicado ni un minuto (sólo lo hicieron para cubrirlo de mierda). Su posición como «observadores» era privilegiada en Génova, porque ocupaban la primera fila del cortejo «desobediente» que trató de alcanzar la zona roja mediante el recurso a dispositivos de protección no agresivos (plásticos, escudos, cascos, gomaespuma, etc.). Y es que en el movimiento global no hay «intelectuales» que iluminen el sentido de la acción política que llevan a cabo otros, las relaciones entre pensar, contar y hacer se han trastocado hasta un punto que quizá animaría a Hannah Arendt a escribir una segunda parte de La condición humana.10
La participación de Wu Ming en el «movimiento de movimientos» siempre ha estado muy ligada a la narración de sus victorias, sus impasses y sus catástrofes, a la elaboración del inmenso material poético que proporciona la actividad de múltiples fuerzas anónimas en marcha, a la producción de historias y sentido, a la creación de mitos. Cuando se habla de mitos y política, uno evoca inmediatamente la figura de George Sorel, calumniado y malentendido durante mucho tiempo, según los mismos Wu Ming. Pero Sorel no se equivocaba cuando definía los mitos por contraste con las utopías: éstas nos describen modelos acabados (sean paradisíacos o pesadillescos), los mitos sin embargo expresan la fuerza de una comunidad, «alarman de aventura» los oídos de quienes los escuchan, devuelven la confianza (que no la fe) en las propias posibilidades, en la propia potencia, que se renueva en el mismo acto de escuchar el relato mítico. Quitan el miedo, vaya. El mito tiene (y ha tenido siempre, si hacemos caso a los antropólogos) una relación directa con la noción de «milagro», la causa incausada de nuevas conexiones causales, la capacidad humana de «empezar de nuevo» en la que consiste la política. ¡Cuántos relatos cinematográficos, novelescos, cotidianos, no transmiten esa idea: «todavía no está todo visto», y provocan así ese «estado de conciencia épico» que pedía Sorel a los mitos! Por su lado, la política, la acción colectiva de autoinstitución de la sociedad, es el ámbito de la actividad humana en el que se expresa mejor el exceso que supone cualquier lazo social a las consideraciones mecanicistas o funcionalistas. La acción política es el ámbito de lo heroico y lo superfluo, de la excelencia y la sobreabundancia; y por eso le viene como un guante el «lenguaje del entusiasmo» en que consisten los mitos. Es verdad que la reflexión sobre los mitos de Sorel no sorteaba algunos obstáculos que podían desembocar finalmente en la justificación de formas míticas trascendentes (Líder, Modelo, Origen, etc.) que disciplinasen a los sujetos educándoles en la sumisión gregaria a la voluntad de los tribunos. La cristalización del material mítico en una serie de «palabras-propaganda» que sometan el porvenir a la repetición de lo previsto por esquemas supuestamente infalibles es el «reverso tenebroso» de la fuerza mitopoiética. Wu Ming advierte de ello una y otra vez, pero también considera con extrema lucidez que ese obstáculo no se supera abandonando la producción mítica y optando por la «desmitificación» como modalidad de crítica política. No. Ese fondo magmático del ser humano que da sentido(s) a su(s) mundo(s) mediante el relato de historias no se deja apaciguar así como así. Habría que extirpar del ser humano la tendencia a la admiración o a la curiosidad, por ejemplo. Se trata más bien de intervenir en la producción de sentido desde los territorios de la inmanencia, orientándola, atravesando las olas de símbolos con el virtuosismo de un surfista. La lucha no es: mito o no mito, sino mito o fetiche. Para no convertirse en fetiches, los mitos deben ser todo lo contrario del «aura» según Benjamin, esto es, reproducibles y perfectibles.
11 Una narrativa de emancipación es lo contrario de una teología: no anima la negación del cuerpo y de los otros en beneficio de ciertas ideas, sino que crea lenguajes comunes a partir de las singularidades y sus trayectorias existenciales. En ese sentido, Génova desencadenó una producción mítica ejemplar: los relatos de lo que había ocurrido allí, del miedo y la desnudez de los cuerpos vejados, de la tragedia y la extraordinaria fuerza colectiva expresada, se multiplicaron, atravesaron el planeta en boca de mil modernos bardos y trovadores, se perfeccionaron entre todos, hicieron volar en pedazos las interpretaciones oficiales que pretendían imponerse, circularon en construcción permanente en todos los «soportes» posibles, etc. La elaboración colectiva de aquella experiencia de «viaje iniciático» desbordó por todos lados las mentiras oficiales y el silencio que pretendía decretar la violencia.

Los mitos trascendentes que narran las acciones ejemplares de determinados héroes del sacrificio tienen afortunadamente cada vez menos influencia en la producción de la subjetividad militante. Ya nadie se siente impelido a imitarlos. Ahora nos encontramos con otros símbolos más adecuados a una época que ha debilitado enormemente la frontera entre producción y reproducción, una época que basa en buena medida la creación de valor en la «recuperación» de los valores fuertes de los movimientos políticos de los años sesenta y setenta: imaginación, creatividad, lenguaje, comunicación, virtuosismo, cualidades de autoorganización, flexibilidad, afectos, etc. Pero Wu Ming saca las conclusiones opuestas a muchos derrotistas que lamentan amargamente esa «recuperación»: no se trata de condenar toda experimentación política desde posiciones de nostalgia y resentimiento,12 sino de pujar por un exceso de imaginación creadora que no se pueda contener o parasitar o contentar. Si hoy una de las fuerzas productivas principales es el lenguaje, ¡como no va a tener una importancia política de primer orden la lucha en el terreno de las significaciones, el combate entre el vaciado de contenidos fuertes de la banalización mediática, la propaganda de guerra o el lenguaje empobrecido que se impone en muchas empresas de servicios y la polisemia fecunda de las narraciones míticas políticamente orientadas! El segundo de a bordo de Bill Clinton dijo que la fuerza de trabajo más importante de este siglo la compondrían los «manipuladores de símbolos, datos, palabras». La pugna está entre la sumisión a la manipulación mecánica de signos y el exceso simbólico de los relatos que penetren hasta la fibra más profunda y animen la autonomía individual y colectiva. Cuando la comunicación está en la base del sistema económico-productivo, las comunidades pueden formarse a través del lenguaje, sin que eso signifique que son comunidades ficticias o ilusorias. Luther Blissett como nombre múltiple que expresaba el amor por el lenguaje y la comunicación de los nuevos sujetos productivos, y la consiguiente revuelta contra todas sus modalidades de instrumentalización, fue un experimento formidable en ese sentido. Wu Ming retoma ahora esa apuesta, madurada por más años de reflexión y experiencia. Libertad de lenguaje significa, hoy más que nunca, abolición del trabajo asalariado.13

En la vía Tolemaide de Génova, donde la policía detuvo el cortejo desobediente a balazos, amén de gases lacrimógenos y furgonetas lanzadas contra la multitud, muchos sintieron ya un temblor de tierra que anunciaba la «guerra global permanente» que las élites gobales desencadenarían tras el 11 de septiembre. Se acabó la «belle époque» del neoliberalismo. Ahora la guerra se inscribe de modo muy explícito en la constitución material de la civilización capitalista, ya sin máscaras. Wu Ming está excepcionalmente emplazado para pensar los rasgos fundamentales de una épica que anime a hacer la «guerra a la guerra»: Italia es ahora mismo --como ya lo ha sido en otras ocasiones-- el mayor laboratorio de acción política antagonista de Europa. Durante un año entero, se han sucedido cotidianamente las iniciativas contra el régimen global de «guerra infinita»: desde las enormes manifestaciones contra la intervención estadounidense en Afganistán hasta la huelga general contra el gobierno Berlusconi de la primavera pasada, pasando por la acciones de «diplomacia desde abajo» de un buen puñado de italianos integrados en la caravana «Action for Peace» en Palestina durante la ofensiva israelí de abril. Como no podía ser de otro modo, el gang mafioso y racista que compone el gobierno Berlusconi declina a su modo la sempiterna «estrategia de la tensión» y hace resucitar a unas fantasmales «Brigadas rojas» para sembrar desconcierto e impotencia entre los actores más activos del «movimiento de movimientos» italiano. Toda la sociedad italiana está en efervescencia, el movimiento agrupado en torno a los Social Forum que han proliferado por toda Italia se ha convertido en una de las fuerzas fundamentales de oposición a Berlusconi. Las inmensas cuestiones a todos los niveles que suscita la acción política en estas circunstancias de «guerra global permanente», de guerra económica, política y social contra la humanidad entera, ocupan muchos de los textos de Wu Ming agrupados en Esta revolución no tiene rostro.

De todas formas, la situación de Wu Ming ha cambiado de un tiempo a esta parte y el grupo se encuentra ahora en otra fase, cuya cartografía es todavía una incógnita. Wu Ming ha abandonado la corriente que llevó de los Monos Blancos a los Desobedientes14 porque, a su juicio, durante la metamorfosis se perdió el espíritu de apertura y contaminación que define al «movimiento de movimientos» y se sustituyó la lectura política viva del periodo presente, y la consiguiente línea política concreta, por un «lenguaje de palo» incapaz de aprehender los procesos reales en marcha. Según Wu Ming, las coordenadas analíticas que sirvieron para aferrar las transformaciones en curso durante un cierto periodo ahora se revelan inservibles:

«En lo que se refiere a Imperio, estoy convencido de que, en este momento, se trata de una categoría poco útil, y al leer los materiales escritos inmediatamente después del 11 de septiembre los encuentro demasiado «ideológicos», como si la realidad debiese adecuarse a la fuerza a categorías preexistentes y de moda. El análisis de Negri y Hardt tenía fecha, se refería a una fase anterior del orden mundial, al neoliberalismo, a la new economy, al «clintonismo» y a un multilateralismo que, en estos momentos, está en crisis. Ahora estamos en la fase del «nacional-liberalismo», de la austeridad y del «keynesianismo militar». Una fase diferente que necesita de otras categorías y de otra épica. No necesariamente todo lo que han escrito Negri y Hardt debe ser dejado a un lado, pero hay mucho que investigar. Tratamos de evitar lecturas desalentadoras, que producen sobre todo una sensación de impotencia y que no revelan nada sobre la complejidad y la fuerza-invención de movimientos de los cuales nosotros sólo hemos escuchado el llanto de un recién nacido. También las formas de la guerra («preventiva», «global permanente» o como quiera llamársela) cambiarán a causa del conflicto. Evitemos, si es posible, producir una nueva jerga teórica llena de palabras-contraseña. No tenemos ninguna necesidad de un lenguaje reiterativo y alienante, hecho de «ritornelos» identitarios y de conceptos vacíos. Ésta es la mejor forma de, por decirlo en términos de Bifo, «abandonar las ilusiones y prepararse para la lucha», que es también la lucha contra nuestras ilusiones de ayer».15

Pero, por otro lado, Wu Ming prosigue su trayecto: narraciones de todo tipo (novelas, textos de combate, infiltración en la cultura de masas, etc.), mitopoiesis, investigación de signos de creatividad y gestos de rechazo en los modos de vida que se dan en los intersticios entre el underground y la acción política, creación de una comunidad viva de lectores, oposición a la propiedad intelectual, búsqueda de una épica adecuada al momento histórico, con todas las «desviaciones» oportunas y los replanteamientos necesarios, militancia dentro del movimiento global y del específico movimiento italiano, en el espíritu que tenían los primeros Social Forums de abrir espacios de cooperación entre diferentes y evitar en lo posible todas las formas de canibalismo político que han devorado a la izquierda desde hace décadas, etc. Pescando, distribuyendo, contando y riendo siempre, «riendo de frente al horror, para resistir, riendo de frente al peligro, para redimensionarlo, riendo para incendiar los tigres de papel».
Notas al pie

... XX,1
Por ejemplo, Gabriel Albiac aquí:
http://www.libertaddigital.com/opiniones/opi_desa_10937.html
... preparadas.2
Pánico en las redes; teoría y práctica de la guerrilla cultural, Luther Blissett, Literatura Gris (Madrid, 2001). Más información en:
http://www.altediciones.com/0022.htm
...copyleft:3
Léase:
http://www.gnu.org/copyleft/copyleft.html o http://www.fsf.org/licenses/gpl.html
... saberes.4
En Indymedia-Madrid (madrid.indymedia.org), se pueden encontrar información y enlaces:
http://acp.sindominio.net/article.pl?sid=02/07/23/2054203&mode=thread
... japonés.5
Aquí puede leerse una explicación de Roberto Bui (Wu Ming 1) sobre el Seppuku de Luther Blissett:
http://www.altediciones.com/roberto.txt
... hacía?:6
La publicación Desobediencia Global ha explicitado e ilustrado alguno de esos rasgos:
http://www.sindominio.net/unomada/desglobal
... (7);7
Más información, por ejemplo, en:
http://www.creativecommons.com
... italianos.8
Una buen repaso de los aspectos más interesantes de Tute Bianche es, por ejemplo, la declaración de su portavoz, Luca Casarini, ante el parlamento italiano tras Génova:
http://www.wumingfoundation.com/italiano/Giap/casarini_es.html
... temporal.9
Se puede encontrar mucha información en castellano, por ejemplo aquí:
http://www.sindominio.net/genova
... humana.10
Alguna pista sobre esto, puede hallarse en este formidable artículo de Paolo Virno:
http://nuevproyhist.tripod.com.ar/nuevproyhist/id4.html (aparecerá pronto en una recopilación de textos de Virno que editará Traficantes de Sueños).
... perfectibles.11
Puede leerse, a la inversa, como ejemplo de «auratización» o «estetización perversa» de la política, esta acertada historia de la Internacional Situacionista:
http://www.altediciones.com/ash/critica03.htm
... resentimiento,12
Puede leerse, como ejemplo de esta tristeza intelectual, cualquiera de los panfletos siguientes:
http://netmc.9online.fr/VersusActuel/Amoros00.html
... asalariado.13
Léanse seguidos estos dos textos: «Las palabras cautivas», de Mustapha Khayati (Hiru, 1999) y «Algunas notas sobre general intellect» de Paolo Virno
(http://www.nodo50.org/mrg-torrent/textos/html/alnoin.htm), que aparecerá pronto en papel en la recopilación de textos de Virno editada citada anteriormente.
... Desobedientes14
El manifiesto de fundación del Laboratorio de los Desobedientes (
http://www.disobbedienti.org) puede leerse aquí: http://www.sindominio.net/guerra
... ayer».15
Comunicación directa de Wu Ming al autor de este prólogo. Franco Berardi, Bifo, es un personaje histórico de la autonomía italiana, que sigue muy activo. Sobre la coyuntura actual, pueden leerse los siguientes textos (al último hace referencia la cita de Wu Ming):

Copyright © 2002 Amador Fernández-Savater
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.-vs-capitalismo-cognitivo-.


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